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La lujuria: mi último refugio y Sexohoróscopos del 11 al 17 de enero de 2016

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Por: EL CAPITÁN LUJURIA

¡Qué clima tan loco! Se supone que estamos en invierno, sin embargo primero hace calor y luego frío. Aún así, aquí estoy, melancólico, desolado, borracho y loco. Pienso en Samantha (¡Oh Samantha!), mientras leo en el periódico que un tipo intentó cogerse a una cría de elefante por la trompa; el fulano es cuidador de un zoológico y estaba harto de su mujer… Al muy güey se le ocurrió meterle la verga por la trompa al elefante y estaba duro que dale cuando de pronto el elefante le sorbió también los güevos, sencillamente se los succionó y le produjo una sensación super chingona. Todo iba bien hasta que se “vino” y se dispuso a retirarse pero el elefante lo tenía agarrado y no lo quiso soltar. El tipo le picó los ojos. No sirvió de nada. El elefante no hizo más que succionar con más fuerza. Obviamente el cuidador nunca había tenido semejante problema con su mujer porque según él, ella era incapaz de succionar nada, menos su verga. Así estuvo hasta que amaneció. Treinta años de servicio y lo encontraron así por la mañana. Quizá pierda el empleo. Tuvieron que llamar a los bomberos. Nada fuera de lo normal. En fin… Sigo pensando en Samantha, cuya melena con rayitos morados le caía en cascada por los hombros. Recuerdo como movía sus gloriosas caderas que iban arriba y abajo, arriba y abajo, arriba y abajo. Ella por supuesto, era mucho más joven que yo. Nos veíamos dos o tres veces por semana. A los dos nos encantaba la cerveza y el tequila. Sami era modelo de desnudos, tenía 24 años y mucho sentido del humor; tenía un cuerpo rotundo y majestuoso, esculpido por la mano de alguien que quería volver locos a los hombres. Cuando la veías, recibías un balazo de rifle directamente en el cerebro y en el corazón. Podía matar a cualquier hombre. A mí casi me mata. Pero lo mismo me había pasado con alguna otra. Era muy linda y muy, muy excitante. Cada día que pasaba se veía más buena. Parecía ignorar que era una de las mujeres más cachondas del mundo. Me alegraba que ella no lo supiera o yo no habría tenido la suerte de habérmela cogido. Me la pasaba sufriendo porque siempre estábamos al borde de la ruptura. La primera vez que tuve la suerte de estar con ella, luego de una loca borrachera, planté mis labios sobre los suyos, besándola furiosamente. Ella me metió su lengua. Se me paró. Qué delicia sentir aquel frescor de primavera, joven, nuevo, agradable. Ella se quitó los vaqueros. No llevaba calzones. Su culo era tan maravilloso como el resto de ella. Su piel era blanca. Me bajé el cierre de la bragueta y empecé a sobarme la verga sin disimulo; luego la dirigí hacia su culo y hurgué entre sus nalgas. Le besé el cuello y le chupé la oreja. Ella comenzó a restregarse. Mi verga, que es de tamaño estándar, parecía enorme, de lo excitado que estaba. La Samantha comenzó a gemir y yo reaccioné a sus gemidos, mientras le frotaba el clítoris. Noté que a nuestro lado, un grupo de cucarachas asediaba un trozo de una viscosa hamburguesa roja que se pudría en el bote de la basura y que alguien había dejado la noche anterior. También recordé lo mucho que me gustaba contemplar su culo por las tardes y por las noches. Me hacía sentir cosas que ninguna otra mujer me había hecho sentir….. Se la metí un poco por la raja lampiña: victoria. Sin poder evitarlo, la verga se me fue más adentro. No la moví. Me limité a dejar que se metiera y engordara. Ella gimió. Entonces sentí su “perrito”, sentí cómo el suave tejido de las paredes de su coño me apretaba y me chupaba los jugos vitales de mi verga con el simple movimiento de sus caderas. ¡La gloria! Empecé a bombear, metiéndosela y sacándosela. Era el mejor momento de mi vida, el momento de todos los momentos. Entonces la verga se me salió del coño y le entró en el culo. La tenía metida hasta el fondo y empecé, maravillado, a darle caña. Sami se retorcía cada vez más. Le abrí el culo a más no poder mientras bombeaba semen en sus entrañas. Cuando ella empezó a venirse, yo también alcancé el clímax. Chorree algunas gotas sobre su trasero y las sábanas. Tomé un poco de papel higiénico y le limpié el trasero. Nos besamos, nos vestimos, nos sentamos y tomamos más cerveza y tequila. Me mostró unas fotos que le acababan de tomar y en las que enseñaba su coño rasurado y abierto. Saldrían publicadas en una revista extrema. ¡Fabulosas! Pasaron varias semanas. No la vi. Entonces me enteré que había conocido a un fulano, un joven jarocho de un metro cincuenta de estatura pero con una verga de 30 centímetros. La última vez que cogimos me pidió que la llevara a casa de este güey. Antes de bajarse del taxi me besó tiernamente y me dijo: “Adiós papito”. Luego la vi cruzar la calle en dirección al departamento del fulano. Vi cómo movía sus maravillosas nalgas que iban arriba y abajo, arriba y abajo, arriba y abajo. Era una auténtica chingadera ser más viejo que ella y me dolió lo que me quedaba de alma. Entonces Samantha entró al edificio y desapareció. La quería. Pero no había nada que hacer. Pedí al taxista que me llevara a casa, donde iba a emborracharme a placer, muy pronto, mientras ese fulano metía hasta el fondo aquellos enormes treinta. Ya solo me queda la lujuria como último refugio.

LA HORA DEL SEXOHORÓSOCOPO

ARIES: ¿Acaso se te ha subido la menstruación al cerebro? Vives feliz de la vida con el fulano que te ha hecho creer que todos los hombres son basura. Ok, la tiene del tamaño de un burro y eso te encanta, pero no es pa’ tanto. Es un borracho, lo mantienes y ya casi no se le para. Por eso tus padres no lo aprueban.

TAURO: Tu pasado oscuro te delata (te gustaba cogerte a tus perritas falderas) y tu novia ya sospecha. Claro, tú no tienes la culpa de parecer un degenerado (al igual que un diputado o un senador). Pero es que nomás aparece su pequeña maltés y comienzas a sudar y babear. Hasta tus ojitos se te ponen en blanco. ¡No la friegues! ¡Contrólate!

GÉMINIS: Te encanta la pachanga y la cogedera. Muy bien. Pero a tu marido ya no le está gustando encontrarte ensabanada a cualquier hora y con cualquier cabrón. No la chingues. Cualquiera se enmuina.

CÁNCER: Eres muy aburrido. No bailas, no fumas y ya casi ni coges. Te la pasas trabajando y trabajando. Por eso te rehúyen las mujeres. O cambias de actitud o se te pudrirá y se te caerá a cachitos. Tú sabes.

 LEO: Te cansaste de mantenerte impoluta y ahora quieres tener una aventurilla sexual con un cualquier puerco desconocido. No seas tonta y gánate un billete. Mejor rifa tu virginidad entre tus cuates. ¿Por qué tanta prisa? En la vida hay cosas más importantes además de coger y mamar. ¿O no?

VIRGO: Si, ya sé. Estás recién casado pero sufres. No puedes olvidar aquellos baños de leche de 500 varos que te daban las mantecosas bellezas de los rumbos de La Merced. Ni modo, tú quisiste embarcarte.

LIBRA: Eres de esas mujeres rudas que a muchos les gustan. Ya sabes, de las que dan mordiscos de prepucio, rasguños de espalda, jalones de güevos y otras preciosuras. Todo de lo más normal. La bronca es que nomás te dicen “mi amor” y comienzas a hurgar en tu colección de látigos, consoladores, lijas y collares pa’ perro con puas. ¡Eso asusta a cualquiera!

ESCORPIÓN: ¿Qué no te cansas? Pese a que cada rato te andan sacando de los baños públicos porque te agarran masturbándote, embarrando las paredes de semen y escribiendo mensajes obscenos, no entiendes. Mejor inscríbete a un curso de tejido o búscate ya una vieja.

SAGITARIO: No lo puedes evitar. Eres cachonda, provocativa y a veces tienes pinta de pirujilla. Eso le gusta a muchos hombres, incluyendo a tu marido. Aprovecha ese hermoso don que mamá naturaleza te dio.

CAPRICORNIO: No hay nada de qué preocuparse. Tan solo eres otro marido travieso a quien le gusta, de vez en cuando, coger salvajemente con fulanos disfrazados de mujer y chuparles la pistola. Lo peor que te puede pasar es un divorcio más. A lo cual ya estás acostumbrado ¿O no?

ACUARIO: Te encabrona que cuando tu marido se emborracha ande exhibiendo sus miserias y se masturbe enfrente de todas tus vecinas y amigas. Pero tú tienes la culpa. Desde que te hiciste Testigo de Jimán sólo permites que te lo meta una vez al mes y únicamente si haces tus oraciones. ¡No la jodas!

PISCIS: Vives obsesionado con la edad y la muerte. Te preocupa morir de viejo a los cincuenta sin haber parchado lo suficiente con varias mujeres. Te consuela que al menos así podrás quitarte de encima a tu mujer, una auténtica castradora hija de la jijurria. Tranquis. ¿Has considerado el divorcio o la infidelidad?

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