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DE POLÍTICA Y COSAS PEORES.- Nacionalismo patriotero

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Por: CATÓN

Un señor de edad madura entró en el confesionario y le dijo al sacerdote: “Padre: tengo 75 años de edad, y 50 de casado. Jamás le había sido infiel a mi mujer. Anoche, sin embargo, conocí a una hermosa mujer y le hice el amor tres veces seguidas”. Le preguntó el sacerdote: “¿Cuándo fue tu última confesión?” Replicó el hombre: “Nunca me he confesado. Soy judío”. Se asombró el sacerdote. “Y entonces -inquirió- ¿por qué me cuentas eso?” “No sólo a usted se lo he contado -respondió con una sonrisa el maduro caballero-. Se lo estoy contando a todo el mundo”… San Pedro y el Señor jugaban al cubilete. El apóstol tiró los cinco dados e hizo quintilla de ases. Jesús tiró y salieron seis ases. Dijo San Pedro: “Como milagro está muy bien, Señor; pero como juego es una chingadera”… El nacionalismo patriotero ya apareció en las redes. La mayoría de quienes en ellas navegan con bandera de pensantes opinan que El Chapo no debe ser extraditado: eso sería atentar gravemente contra la dignidad nacional. El narcotraficante se ha convertido en un ícono, especie de patrimonio colectivo que nos pertenece a los mexicanos, y al cual no debemos renunciar. Si lo entregamos a los gringos el criminal sufrirá un castigo muy severo. En cambio aquí estará en una celda llena de comodidades, y cuando el dinero y el olvido hagan su trabajo podrá salir discretamente de la cárcel y seguir su actividad empresarial o, en tranquila jubilación, dictar sus memorias y ver en familia las películas que se hayan hecho acerca de su vida.

A veces me pongo a reflexionar acerca de la naturaleza humana, tan inhumana a veces. Me pregunto si el hombre es bueno o malo por naturaleza. Hasta donde recuerdo sólo un escritor ha creído en la bondad ínsita del hombre: Juan Jacobo Rousseau. Y por creer eso fue tachado de… no sé cómo se dice “pendejo” en francés. Los demás pensadores que han meditado sobre la criatura humana, desde San Pablo y Hobbes hasta Marx y Freud, han concluido que en el hombre domina la propensión al mal. La experiencia parece darles la razón: cuando se distribuyen los papeles en las pastorelas escolares todos los niños se pelean por ser el diablo; ninguno quiere representar al ángel. Esa tendencia se manifiesta en el tratamiento que se da a El Chapo y a otros capos de la droga: son exaltados en corridos, películas y series para la televisión; se les mira como héroes. El actor Sean Penn incurrió, entre otras supinas idioteces, en la muy grande de comparar a Guzmán con Robin Hood. La bella señorita Del Castillo, por su parte, dijo que confiaba más en ese criminal que en el gobierno. La ambición de la artista, la vanidad de aquel actor y los celos del propio Chapo por la fama que tienen otros de su especie, condujeron a fin de cuentas a la aprehensión del delincuente. Ahora las redes sociales exigen con patriotismo de masiosare que El Chapo no sea extraditado. Si el gobierno lo extradita, esas feroces redes lo asaetearán, rabiosas. Si no lo hace dirán que El Chapo compró su permanencia aquí, y que pasado un tiempo se le permitirá que escape por tercera vez. Me asalta una interrogación desoladora: ¿todos somos el diablo de la pastorela?… Las moscas jugaban futbol en un plato. Les dijo el técnico: “Tienen que mejorar, chicas. Mañana jugaremos en la copa”… Afrodisio Pitongo llegó de improviso a la casa de un compadre que vivía en el campo. Le dijo éste: “Debió avisarme que venía, compadre. No tengo ni dónde acostarlo. Tendrá que dormir en la misma cama con mi mujer y conmigo”. A la mañana siguiente el visitante se despidió. “Gracias por sus atenciones, compadrito -le dijo a su anfitrión-, pero con pena y todo debo informarle algo: su esposa es una cusca, una pindonga”. “¿Por qué dice eso?” -inquirió el otro. Respondió Afrodisio: “Toda la noche me tuvo agarrado por la pija”. “No -aclaró el compadre-. Era yo. Perdóneme la desconfianza”… FIN.

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