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Hacia la liberación de la mota

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  • Decisión histórica de la Suprema Corte: aprueba el uso recreativo de la marijuana…

 Eduardo GARCÍA GARCÍA

 “La marihuana causa amnesia… y

otras cosas que no recuerdo”

                                        Woody Allen.

                                        Director, guionista, músico, escritor y actor.

 

La mariguana pronto podría venderse en cualquier Oxxo
La mariguana pronto podría venderse en cualquier Oxxo

Hace semanas, la Suprema Corte de Justicia de la Nación, aprobó el uso recreativo de la marihuana, una decisión considerada como histórica en el país. El fallo de los ministros, sin embargo; benefició sólo a cuatro personas que promovieron un amparo contra la prohibición legal para sembrar y consumir su propia marihuana. Y es que para que la sentencia de la Tremenda Corte se extienda a todo el país sería necesario que los ministros emitieran el mismo veredicto en otros cuatro casos, en condiciones prácticamente iguales a las de ahora.

Por supuesto, los ministros resaltaron que la histórica sentencia no ampara la comercialización de la droga. Si los beneficiados con el amparo violan esta disposición pueden ser encarcelados y recibir una sentencia de hasta 25 años. “La prohibición como existía, dijo en su momento, la hoy ex ministra Olga Sánchez Cordero, era excesiva y no protegía el derecho a la salud. Por ello, el consumo lúdico de la droga debe ser autorizado para respetar el régimen de libertades personales”, concluyó.

Por supuesto, la decisión de los ministros generó en México un intenso debate. Y es que la complejidad del fenómeno merece que se expongan detalladamente los puntos a favor y en contra de la legalización de una tercera sustancia adictiva, aparte del alcohol y el tabaco. Entre los pros más relevantes se encuentran el control de la comercialización, la calidad y, claro, la producción de la marihuana; y la posibilidad de incrementar el conocimiento epidemiológico y científico para mejorar la prevención de adicciones y la investigación de usos médicos mediante ensayos clínicos.

Entre los contras, se mencionan el potencial riesgo para la salud del consumidor y los daños a terceros por conducir bajo el influjo de la marihuana con las subsecuentes alteraciones en habilidades motoras, así como cambios emocionales, por ejemplo agresividad y modificación de la conducta. Lo realmente relevante, independientemente de la decisión consensuada es conducir la discusión con información de calidad y enfrentar este problema de manera satisfactoria y sin prejuicios.

“Ocasionalmente les pido prestado algo de marihuana a mis hijos. Ellos fuman de vez en cuando”: Keith Richards, guitarrista de los Rolling Stones.

Estamos pues ante un problema, la prohibición, que desborda lo médico y lo jurídico, un problema que sólo se sustenta en lo político. Porque son los políticos quienes deben perder el miedo, abandonar la gran hipocresía que sigue camuflando el asunto y sobre todo, informarse. En un país donde un 40 por ciento de la población dice haber consumido marihuana alguna vez, donde el humo del cannabis se huele por la calle con toda normalidad, la mayoría de los legisladores no saben lo que es un porro (o se hacen güeyes), creen que la mota es igual a la anfetamina, la coca o la heroína. Lo siguen metiendo todo en un mismo saco, dándose golpes de pecho y lanzando campañas alarmistas que bombardean al ciudadano con impactos emocionales cuando lo que se necesita es verdadera información. Lo primero es terminar de una vez por todas con la hipocresía: al combatir las drogas prohibidas, el Estado no protege la salud de sus ciudadanos (según la Encuesta Nacional de Adicciones 2011, en lo que se refiere a la mariguana sigue siendo la de mayor consumo con un porcentaje de 80% del total de drogas ilícitas), sino el próspero negocio de las legales como el tabaco y el alcohol.

Los defensores de esa panacea también llamada cáñamo tienen siempre algo del proselitismo iluminado que caracteriza a los moralistas. Hablan de una hierba milenaria –las primeras informaciones se encuentran en la China neolítica, tres mil años antes de Cristo-, resistente y omnipresente, cuyas propiedades no son únicamente placenteras y terapeúticas, pues del cáñamo se pueden derivar toda clase de tejidos, alimentos e incluso combustibles. Sin embargo, se persigue a los consumidores, se les multa y encarcela.

Incluso, por su carácter ilegal, su uso como planta curativa se ve afectado (varios investigadores aseguran que es de gran ayuda en los tratamientos para contrarrestar tumores cerebrales y para reducir los efectos causados por la quimioterapia en los enfermos de cáncer, entre otros), cuando en un país tan anti-drogas como Gringolandia está permitida en varios estados como California (En total ya suman 20 entidades además del Distrito de Columbia, que ya permiten su uso cuando menos para fines medicinales. De todos ellos destaca Colorado, que desde el 1 de enero de este año liberó y reguló su venta para fines recreativos. Este giro en las percepciones de la población estadounidense, ha provocado que gobernantes que con anterioridad se oponían a su legalización, terminen por sumarse. El caso más reciente es el del demócrata gobernador de Nueva York, Andrew Cuomo. Su plan será más restrictivo que el de Colorado y California, ya que solo permitirá a 20 hospitales prescribirla a pacientes con cáncer, glaucoma y otras enfermedades que determinará el Departamento de Salud estatal).

Pero si los beneficios curativos no son suficientes, desde una perspectiva humanista la cannabis es un superador de timideces varias, un agilizador de sensualidades, un relajador de rigideces y tensiones, estimulante para el deleite musical, incitador de creatividades diversas (Agustín Lara, Frida Kahlo, Bob Marley, Tin Tán y los Beatles, por mencionar algunos casos, la fumaban muy a gusto), motivador de la comunicación de intimidades, promotor de amistades y amores inolvidables (suspiro), contribuyente para vidas maritales exitosas, generador de ilusiones benignas, compañero de viajes irrepetibles, activador de recuerdos olvidados, amnésico para torturas del pasado e inductor de nobles pensamientos.

Si tan maravillosa es la maría, ¿por qué sigue prohibida? Porque a la vista de mucha gente, su consumo atenta contra la salud pública. Pero esto contradice lo que la Organización Mundial de la Salud (OMS) dice en torno a la salud, cuando la define no sólo como la carencia de enfermedad sino como un estado de bienestar físico, psicológico y social. ¿Acaso los fumadores de mota no tienen una sensación de bienestar físico, psicológico y social? La salud es un concepto con muchos ingredientes, pero la mayoría de las veces se asocia sólo con la salud física. La bronca no es si se debe consumir alcohol, tabaco y otras drogas, sino que la gente aprenda a disfrutar de lo que tiene a su disposición. Porque, como sabemos, todos los excesos son negativos.

Se ha dicho que la marihuana no crea adicción física –como sí lo hacen las llamadas drogas duras-, en todo caso psicológica. Aquí el problema es definir qué significa adicción. Los defensores de la mota siempre la comparan con el alcohol y el tabaco, porque es menos nociva. Pero depende de cómo lo mires y sobre todo depende de cuanta consumas, como en todo. Ahora bien, ¿qué quiere decir ser adicto? La OMS procura evitar ese término cuando habla de la marihuana como droga. El concepto de adicción tiene significados muy laxos y por tanto, se debe hablar de dependencia y sobre todo de dependencia física. Un fumador crónico de mota, cuando deja de fumar, ¿tiene una enfermedad?, ¿le produce dicha enfermedad mucho sufrimiento e incluso un riesgo de muerte?

La dependencia debe ponerse en un contexto. De acuerdo con algunos especialistas, un estimulante socialmente inofensivo como la cafeína produce a partir del uso crónico un síndrome abstinencial muy importante, que se manifiesta en grandes dolores de cabeza y toda una serie de malestares muy evidentes. Y ya no hablemos del síndrome de abstinencia por alcohol, que en algunos casos puede llevar a la muerte. Tanto la dependencia psicológica como la física se deben situar en un contexto social. ¿Es perjudicial para el cuerpo? Es cuestión de medida y conocimiento. En el caso de la marihuana, es claro que ninguno de estos posibles daños parecen justificar la persecución legal y policial que ha tenido a lo largo de los años. Además, la prohibición no es un fenómeno neutro, sino un fenómeno con importantes efectos secundarios como son la adulteración, la corrupción del sistema, de criminalización del usuario.

La prohibición: un invento genuinamente gringo 

La veda de la mota tiene su punto de partida en los Estados Unidos, allá por 1937, con la Marihuana Tax Act, y se fundamenta básicamente en razones xenofóbicas: en el rechazo a la población inmigrante que llega al país a finales del siglo XIX y principios del XX. Cada minoría étnica iba asociada a una droga. Por ejemplo, los irlandeses al alcohol, los mexicanos a la marihuana, los negros a la cocaína y los chinos al opio. Las primeras descripciones de la peligrosidad de estas drogas afirman que la cocaína hace a los negros inmunes a las balas, que los mexicanos se convierten en violadores cuando fuman marihuana y que los chinos con el opio corrompen a los jóvenes. Hay otra teoría de carácter económico en torno a la mota: la industria del cáñamo como productora de papel, telas y fibras naturales era muy importante en los Estados Unidos y, en el momento en que aparecen las fibras sintéticas, surge una gran competencia entre los industriales del ramo. Esto hace que el interés de determinados grupos de poder económico y político, que son justamente los que controlan los medios de comunicación masiva, hagan una campaña fortísima basada en mentiras, curiosamente no excusada en la salud pública sino en la idea de que la marihuana promovía la violencia y era causa de asesinatos y masacres.

La fría mezquindad del sistema y la ingenuidad del ciudadano norteamericano de la época, planteaban una mentira todavía irreparada. Acusar a la hierba sabia –uno de los recursos naturales más antiguos y productivos de la humanidad- de motivar violencia, cuando produce todo lo contrario, fue una canallada, pero la juventud estadounidense debía ser salvada a toda costa de esa plaga que no sólo aquejaba a los inmigrantes mexicanos sino también a los escritores de la generación beat (William Burroughs, Jack Kerouac y Allen Gingsberg, entre otros) y de músicos de jazz y blues. El adorado pionero del folk, el extraordinario cantante Jimmie Rodgers, lanzaba desde los trenes semillas para que a los lados de las vías floreciera la mágica planta. Sin embargo, como en las espinacas de Popeye, detrás había intereses económicos.

La prohibición obedeció pues, a razones económicas y coloniales de los gringos, quienes a través de grandes compañías multinacionales se interesaron en introducir el consumo de alcohol y tabaco en ámbitos culturales donde se consumía otro tipo de drogas. Tan sólo se trató de una táctica capitalista de expansión de mercado. Al final, Estados Unidos logró que en 1961 se prohibiera a nivel internacional, sin haber aportado ninguna base científica. ¿A qué se debió este disparate? A que la Europa y Latinoamérica pecaron de servilismo a los intereses del Imperio gringo.

Otra razón para legalizar no sólo la mota sino cualquier droga prohibida tiene que ver con los derechos humanos fundamentales. La sociedad y el Estado no tienen por qué meterse en las decisiones de los individuos que no afecten a terceros. Las drogas pueden ser peligrosas o abiertamente dañinas; pero también lo son otros productos y sustancias como el alcohol, el cigarro o la comida chatarra. Por ello, el gobierno no tiene derecho a prohibir a las personas el consumo de alguno o varios de estos productos. Mucho menos tiene derecho a hacerle daño al individuo al encarcelarlo por el delito de hacerse daño a sí mismo.

Los prohibicionistas pretenden evitar que la gente consuma drogas y para ello tienen tres opciones: pueden destruir toda la droga del mundo, lo cual es imposible porque están luchando en contra de la naturaleza y en contra de poderosos y mezquinos intereses políticos y económicos. Es decir, nunca lo conseguirán. Pueden persuadir a la gente. Lo han intentado incluso con mentiras y tampoco les ha servido. Pueden meter a todo el mundo a la cárcel y hacerle pagar por ello. Los tres métodos han sido intentados y ninguno ha funcionado. Lo único que consiguen o provocan las prohibiciones es que las drogas sean más peligrosas, más caras, que crezca de manera monstruosa el narcotráfico y su estela de muerte. Y jamás ha funcionado (¿o sí?).

De ahí que cada día sean menos los argumentos legales para seguir persiguiendo el consumo de cannabis. Ya en el 2004, decenas de chilangos se manifestaban, bailando y gritando, alrededor de la Alameda Central, a favor de la legalización de la marijuana. ¿Por qué entonces seguir sancionando la tenencia y su uso público? Al tiempo.

¡Viva la libertad, viva la mota!

“La Cucaracha, la Cucaracha, ya no puede caminar,

porque no tiene, porque le falta, marihuana que fumar”…

 

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